Alexandra Correia Isidro

Coordinadora del Centro de estudios Ibéricos

¿Cómo surge la idea de un Centro de Estudios Ibéricos?

La idea del CEI surge en un contexto de entusiasmo común, español y portugués, por avanzar en la resolución de problemas históricos en la mejora de las relaciones peninsulares y transfronterizas.

Nace con verdadero espíritu ibérico, cuando se van consolidando, al mismo tiempo, las relaciones europeas. Se concreta el proyecto a partir de la propuesta de Eduardo Lourenço a finales de los años noventa en la ciudad de Guarda, a la que se suman de inmediato las universidades de Salamanca y Coimbra, incorporándose asimismo a este apoyo académico el Instituto Politécnico de Guarda. A partir del año 2000, el CEI mantiene una actividad viva y continuada en la cooperación transfronteriza, buscando la complicidad e intercambio cultural en el ámbito de los territorios de baja densidad y apoyando a los jóvenes investigadores, siempre bajo el “espíritu de Guarda”, que significa el fortalecimiento a escala regional de los proyectos comunes e ibéricos.

Su mentor, el ensayista y Premio Extremadura a la creación, Eduardo Lourenço, señalaba hace poco que “No hay razón para no vivir como europeos todo el tiempo”. ¿Aún quedan estigmas en la idiosincrasia portuguesa que impiden a los portugueses verse como europeos de pleno derecho?

Eduardo Lourenço, reconocido con el Premio Extremadura, es un ensayista de larga mirada y de espíritu abierto, que apuesta a la vez por el “hogar europeo” y el “hogar ibérico”, sin que las superidentidades nacionales ahoguen las relaciones comunes. De ahí que el CEI se haya convertido en una bisagra de encuentro europeo e ibérico, contribuyendo a un debate en el que los portugueses participan decisivamente desde su presencia atlántica y lusófona a un mejor conocimiento e interpretación de las realidades.

¿Cuál es la apuesta estratégica del CEI y qué supone para la Región Centro?

La presencia del CEI en Guarda y en las Universidades de Salamanca y Coimbra es decisiva para la Raya Central Ibérica y para la Región Centro de Portugal, pues viene animando la vida cultural y el intercambio científico en dos ámbitos específicos: uno en la formación y enseñanza a partir de los Seminarios, Jornadas y conferencias, y Cursos de Verano que se centran en el diálogo y cooperación transfronteriza; y otro, apoyando la investigación entre los jóvenes, acercándose con rigor, innovación y compromiso a los territorios, sociedades y culturas ibéricas en tiempos de mudanza. Asimismo, el CEI, viene cumpliendo una formación transversal y de referencia intelectual con el Premio Eduardo Lourenço, destinado a reconocer la contribución de personalidades o instituciones en el ámbito de la cultura, ciudadanía y cooperación ibéricas.
La edición de la Revista Iberografías y de publicaciones y catálogos del CEI contribuyen a una difusión del saber y de la defensa del Patrimonio de los territorios de la Raya Central Ibérica.

¿Qué queda por mejorar en cuanto a intercambio científico y cultural entre ambos países? ¿Contamos con recursos suficientes?

Los déficits acumulados en el intercambio científico y cultural entre España y Portugal son de tal calibre que las tareas pendientes son un gran desafío para el CEI y para toda la raya. Madrid, Lisboa siguen estando lejos de los problemas tan complicados que se padecen a ambos lados de la frontera. Aunque las universidades han logrado algunos vínculos de intercambio, siguen siendo limitadas y apenas recorren las inquietudes académicas y llegan al tejido social. Los recursos por parte de las instituciones responsables y desde las propuestas se han reducido con la crisis, y después de una etapa de entusiasmo, se ha entrado en una fase de estancamiento que el CEI intenta reconocer, incidiendo en la movilidad y valoración de los recursos humanos.

Recientemente se han cumplido 16 años desde la creación del centro. ¿Cómo han evolucionado y cambiado las relaciones fronterizas en estos años?

La andadura del CEI ha sido hasta el momento muy positiva si tenemos presente que con escasos recursos económicos se han movilizado muchas energías humanas, con una participación en sus actividades de más de 1000 personas al año y 32 ediciones de libros y estrechamente comprometidas con la cooperación transfronteriza, el iberismo y la lusofonía.

Posiblemente las relaciones fronterizas han pasado de una proximidad común y local en defensa de la corrección de los problemas originales a una cierta lejanía en la toma de decisiones, tanto desde la propia filosofía política europea como por parte de nuestros responsables y gestores políticos. De algún modo, se está secuestrando la cooperación transfronteriza y el intercambio cultural por la burocracia administrativa.

Afortunadamente, el CEI mantiene su espíritu y entusiasmo inicial en pro de una civilización ibérica compartida y solidaria.